diciembre 04, 2011

origen

¿sabés como te das cuenta
de que la tierra late?
cuando aparecen
los gélidos vestigios
de la profundidad.

noviembre 03, 2011

Despedida

La pollera vuela en un suspiro de adios

la blusa flota y chorrea de rencor

un beso azul derrite el dolor.

Amanece.

julio 09, 2011

disimilitudes

Uno escucha david guetta
el otro, las pastillas del abuelo.

Mis hijos son un poco como yo

y otro poco no.

junio 20, 2011

San Telmo

El pájaro entraba y salía
en un vaivén tembloroso.
Yo podía sentir su alas pegadas al cuerpo.
Era un gorrión chiquito y asustado.
Cuando salía apenas me rozaba con el pico.
Yo quería que desplegase sus alas adentro mío
pero estaba débil,
como empapado de lluvia.

junio 14, 2010

otoño

sinsol
hoy ni la lluvia me entiende
ando con el cadáver de mi ego a cuestas

mayo 08, 2010

desvarío cian


un átomo de océano
la sal contenida en el vértice
suave como una entrepierna
como el óvulo recién fecundado
como la luz en la esquina de la creación

huele a luna y terciopelo
o a pelos recién mojados
de la cabeza calva de un titán

la corriente azul del sueño
el filo de la navaja
una caja llena de nada
la mirada en el rincón

una gota de vapor
una nube que se esfuma
la cola del viento apurado
un trozo de felpa bajo el agua
el mal humor de un cubo de hielo
filamentos de un sol muerto
el mar visto desde lejos.



autor de la foto: Sebastián Barrasa
http://picasaweb.google.com/elzaiper/Art02#5456565092816004946

marzo 13, 2010

Estrelladores de cortinas

La mayoría de los estrelladores de cortinas son requeridos por señoras sensibles. Señoras incapaces de arrojar un plato, un celular o un cuchillo contra las ventanas, hartas de las presiones y los engaños.

Mucho fue su trabajo, allá por el dos mil y pico, cuando los contrataban para arrojar cascotes contra las cortinas metálicas de los bancos usureros.

Este oficio milenario, debe sus orígenes a la creatividad de los jóvenes románticos que llamaban al balcón de su amada lanzando piedritas en las ventanas. Se perfeccionó cuando la joven amada estrellaba los almohadones en las cortinas del balcón al enterarse que su padre la había comprometido con un primo lejano.

Yo elegí esta profesión, incitada por mi analista. Cada vez que uno de mis hijos se lleva una materia, cuando el cajero me traga la tarjeta y particularmente cuando me interrumpen la escritura, como en este preciso instante, y sublimo el impulso irrefrenable de estrellar la computadora contra las cortinas y miro la agenda donde apunté los turnos de estrallador de cortinas para esta noche.


Publicado en Amores, Humores, Horrores . Micros para viajar a dónde quieras.

febrero 20, 2010

Punta del Diablo


Ayer llovió. El viento facilitó el barrido de las nubes. El cielo asoma impecable y el viento que sigue azotando los médanos que se desgranan en lluvia amarilla. El mar está rizado. La espuma se adivina en tramos cortos desde el horizonte y el bramido de las olas en la orilla compite con el rugido del viento sur.

Hay tres golondrinas sobre el techo de nuestra casa. Se refugian en la chimenea. Cada tanto una de ellas sale para intentar cabalgar el aire.

febrero 06, 2010

Deshojar la margarita

Me gusta comer sandía y escupir las semillas.

No me gusta la leche derramada.

Me gusta el olor a tierra húmeda.

Pero odio el barro en los pies.

Me gusta la lluvia en las pestañas.

Detesto los ojos fríos del estupor.

No me gusta que suene el teléfono cuando leo

y me odio al atenderlo.

O cuando escribo y me levanto

a juntar el pelo de la alfombra.

Adoro el mar y la sal en los labios.

No me gusta la piel reseca al sol.

Me gusta sentarme al borde del arroyo.

Me gusta el camino con el cielo a cuestas.

Detesto que se nuble sin aviso.

Me encanta la boca con helado.

Prefiero escribir con lapiz.

No me gusta el olor estanco de las zanjas.

Me gusta sentir tus pasos en la escalera

y tus latidos en mi cabeza.

No me gusta encerrarme bajo llave

ni las rejas en el jardín.

Me gusta escribir en los bordes de la hoja

garabatearle las orillas al blanco.

Odio la pereza de la mano que me obliga

a abandonar este papel.

El horizonte es tan azul que me inclino hacia él.

La orilla del cielo se deja contemplar y me susurra.

Algunos animales me siguen.

El camino roto por

la grava más gris en donde crece el espinillo.

enero 06, 2010

Carta a un amigo imaginario

Está bueno jugar a tener alguien del otro lado en alguna parte, un otro yo. Porque es casi como hablar con un amigo imaginario o con uno mismo.
En fin, juego a imaginarte en familia o con amigos; feliz en algún proyecto creativo...
Yo acá estoy, empezando el 2010. Me gusta como suena 20-10. Bastante terrenal ando, para mi gusto. Y con los pies plantados no puedo escribir.
Y odio eso. Así que, como te diría: ando un poco seca por dentro.
Con bastante tierra y las alas plegadas.
Extraño volar.
Extraño soñar.
Por eso te escribo para ver si se me suelta la mano.
Te digo que la vida en la tierra no está nada mal. Se tienen hijos bellos como soles. Se tiene un marido adorado y unos amigos maravillosos. Se tienen libros, y mar y noches de luna.
También dejé en el ropero una novela sin terminar y todavía tengo colgada del perchero la decisión de asumirme escritora. Me quiero volver escritora. Viste como la mujer maravilla que giraba, así me gustaría hacer. Seré algún día escritora o quedará pendiente como tantos otros asuntos.
En fin, te mando beso y espero saber de vos.
nati

diciembre 19, 2009

Calentamiento global

Doce del mediodía un chico llega en bici a la puerta de una casa, saca la llave del bolsillo y abre. El sudor le chorrea por las orejas y los pómulos están colorados como su boca abierta y jadeante. Las ruedas de la bicicleta perdieron el dibujo de las llantas y se trajeron el caucho del pavimento pegajoso.

Las suelas de las zapatillas están reblandecidas y los pelos de las piernas se desprenden arrastrados por la transpiración. Se le derrite la espalda que le gotea por el short. Intenta dar un paso para traspasar la puerta. Los hombros se le aflojan y los brazos como de arena blanda ser desgranan y caen. Las manos sueltan los dedos que reptan como lombrices en busca de la humedad de la tierra. La cabeza gira en el aire y cae al suelo al tiempo que se derrite y se licúa. Los ojos, los dientes y un arito de la ceja quedan sueltos, son piedritas.

La puerta quedó abierta, el aire cálido de la calle entra en la casa y asfixia el aire acondicionado.


Publicado en Amores, Humores, Horrores. Micros para viajar a donde quieras

diciembre 11, 2009

El bailarín

El hombre sentado en la primera fila del teatro medita fumándose cada bocanada del cigarrillo. Terminó de encerar el piso del escenario. Se oyen las voces de los chicos que ensayan ballet. El hombre entrecierra los ojos, él también formó parte alguna vez de ese tumulto. Dos trenes y diez cuadras hasta llegar al teatro; no le quedaba tiempo para jugar con los chicos del barrio.

Se quita los borcegos y se acaricia los pies. Está en su media hora de descanso antes de seguir con la limpieza. Prende otro cigarrillo y lo gira entre los dedos mirando a tras luz: apunta el escenario. Con una mano ilumina el cielo de cartón y alumbra las estrellas de la escenografía; con la otra, acaricia los tobillos resecos. Ahora se los mueve en círculo como le explicaron en la rehabilitación.

Las colillas caen al suelo. Las cenizas se expanden. Las brasas… Si no las apagara, los pliegues de pana empezarían a arder y treparían hasta el cielo corrugado. Las estrellas se precipitarían como estalactitas derretidas. El escenario sería sometido al hambre voraz de los lengüetazos naranjas que cruzarían y derretirían las puertas de los camarines. Tules y brocatos se arrugarían como pétalos sin sol. La lava treparía las paredes y se colgaría de los caireles de la araña. Chorros de fuego y cristales se despeñarían sobre las piernas de los chicos y sus tobillos carcomidos como si fuesen de plomo. Las zapatillas de baile se entrelazarían en inútiles intentos de escape.

El hombre descalzo sube al escenario y llora de alegría ante los aplausos de las llamas en las butacas.

Publicado en Amores, Humores, Horrores. Micros para viajar a donde quieras.

noviembre 02, 2009

De la panza de mamá

LLegó así: colgado de la panza de su mamá.
Después anduvo sujeto al hilo de un barrilete.
Más tarde giraba en el borde de la taza de té.
Un día lo vieron en la orilla de una gota de lluvia
o tal vez de lágrima.
Si mirás la luna cuando está completa
lo verás prendido como una estrellita azul.
Si te reís con mucha alegría en la panza
seguro te hará cosquillas en la boca.
Y cuando te duermas cuidará tus sueños
acunado en tu pestaña.




Texto escrito para "LA LUNA NARANJA arte y literatura infantil y juvenil"

septiembre 15, 2009

Felicidades

La felicidad es sentir la vida fluir
entre las piernas
y confirmarla al oír el llanto.

Es el segundo antes del vuelo de la mariposa
o el instante de luz de una luciérnaga
o el perfume de gardenias.

La felicidad es cantar tangos con Francesca.
Una cucharada de dulce de leche.
Limpiar la casa con la música bien fuerte.
Es mojarse la cara con la espuma del mar entre las rocas.
Es una noche de tormenta.
Es cerrar los ojos y ver el agua correr.

La felicidad es escucharte decir las palabras que dicté entre tus sueños.
Es batir tus alas en mi cuerpo.

Es enmudecer.
Es trepar una montaña
y equivocar el camino
y seguir subiendo.

Felicidad es el roce de las piernas
la boca en un gajo de sandía
la arena entre los dedos
el sol en las pestañas.
Es cantar hasta que arda la garganta.
Es encontrar la palabra
y perderla.

Es tener la certeza
de que nada es cierto
y aún sigo creyendo.

agosto 11, 2009

Rabietas

Me da rabia la infatigable abulia para sentarme a escribir.

La falsa modestia de ser madre.

Las demoras que dilatan el olvido.

El odio añejo a la timidez o el sombrero que me estruja la cabeza.

Me indigna imaginar que la intuición dicta mis pasos. Creerme todo lo que imagino.

Odio la certeza de que me encontrás cuando duermo. O peor: estar despierta y soñar que te olvidé.

Me enoja la pila de libros en bibliotecas ajenas.

Que Kafka esté en la otra orilla y que no cruces hasta acá.

Me enfurece el silencio como escudo de cobardía.

El fisgón tras la puerta.

La espera que fuerza una esperanza.

Tener el fuego en la mano y no incendiar tus cartas.

Amarrarme a las pestañas de un muñeco.

La inocencia de creer que si lo deseo se me concederá.

Hacer círculos sobre el barro.

Los pies atados en botas de metal.

No saber caminar

con las alas pegadas en la espalda,

ahora que sé volar.

julio 13, 2009

Lluvia

Silencio de lluvia
Fulgores de luz en las grietas del cielo
Un perro se queja
Y la lluvia
persiste
percude
paciente
constante
el pájaro espera

Extiende el cielo las pestañas de plata
No
son
gotas
el velo de la soledad aún cubre el parque
la brisa ausente
la ausencia se estrella en cada gota sobre la tierra

Y el pájaro espera
paciente
pausado
callado
confiado
que el gemido de esta lluvia
desanude las nubes del cielo
Volver a cantar

junio 22, 2009

La máscara le oprime la cara. La tabla metálica sobre la que lo acostaron se ajusta a su cuerpo. Boca arriba , la nariz está a pocos centímetros del techo y los ojos intentan resistir los haces de luz. Las piernas están lejos de él. La mano que lo empujó acá adentro ya no está. Está solo.
Inspira, espira. Cierra los ojos pero las palpitaciones no se calman. Las pupilas se quieren escapar de los párpados. Las uñas se clavan en las palmas transpiradas.
Inspira, espira, jadea. El aire húmedo de su boca rebota contra la máscara y le anuda la garganta. El corazón se expande y redobla el bombeo. Se agita inmóvil. Tiembla el abdomen. Se contrae el pubis. Se acalambran los pies. Abre los ojos, que son dos globos blancos buscando alguna sombra donde escapar y siente olor a fruta podrida, inspira, expira, grita afónico y sólo oye…

Psique y Eros -III-

El oráculo de Delfos había sido implacable: si la joven Psique caía en la tentación de espiar el rostro del marido, se convertiría en agua. El amor o la intriga pudieron más que el poderoso vaticinio. La noche que Psique quebró la promesa, contempló el hombre más hermoso jamás imaginado. El placer fue tan supremo que empezó a sentir mojadas sus piernas, sus manos y el pecho. Se le mojó el pelo y la cara. Se le llenó la boca de agua. Y así transformada en manantial empapó la cama de Eros que despertó solo para siempre.

mayo 25, 2009

Con tacos en día de lluvia

Recién terminaba de llover. Ella volvía a su casa por la calle de tierra. Aunque se había puesto las bolsas de plástico en los zapatos, los tacos le enterraban los pies en cada paso. Entonces no pudo avanzar más.
Se agachó y empezó a escarbar hasta que la mano se detuvo contra una piedra. Le quitó todo el barro.
Quedó al descubierto una fotografía de un pie, dura como una roca. Una foto petrificada, pensó y escarbó al lado hasta revelar la foto de un tobillo. Más arriba tres adoquines con fotos de dos rodillas. Dio unos pasos más y desenterró la foto del ombligo que cabe justo en un adoquín. Limpió cinco piedras: el pecho de hombros angostos la acercó a su casa. Llegó y se sacó las bolsas de los zapatos. El empedrado fotográfico culminaba con la coronilla rubia de un hombre en la puerta de entrada.

Psique y Eros - II -

Toda mujer tiene derecho a conocer la persona con la que vive. Cierta noche Psique esperó hasta que Eros se durmiera y se acercó a oscuras a la habitación para conocer el rostro prohibido. Su corazón no resistió la monstruosa fealdad. El estupor la convirtió en cucaracha.
Dicen que desde entonces el horrendo dios y la joven cucaracha conviven felices en los basurales del Olimpo

mayo 21, 2009

Plaza Moreno

Verde y naranja son los chalecos que suben y se agachan para limpiar la nostalgia del otoño.
Camina sin apuro al trabajo. Piensa en su propia finitud, en su certeza implacable, irrefutable como el perro negro y rojo que yace muerto en mitad del asfalto. Frena y espera la luz del semáforo con la paciencia de las palmeras que ondean suave en la esquina.
Los sentimientos se deshojan y caen. Se aturden con la impaciencia de las bocinas, no esperan que el auto viejo cruce la bocacalle. Se abre paso entre los taxistas que reunidos desayunan café con facturas.
La Catedral detiene los pasos. Perfora el cielo con sus torres. Las palomas se asoman entre las gárgolas. Ignora la existencia de dios pero desde la punta del campanario alguien la observa. “Obediencia” piensa y se cruza con un adiestrador que lleva dos perros encadenados. Las campanas marcan la hora en punto y el final del recorrido. Apura el paso pero se resiste a traspasar las puertas giratorias de la oficina. Envidia al hombre que en la fuente vende libros baratos y toma mate con el chico de los diarios. Entra, los ascensores están ocupados por pilas de papeles. Afuera queda una bicicleta atada a la columna.

mayo 14, 2009

Psique y Eros - I -

Eros le explica a Psique que jamás deberá conocer su rostro. La hermosa joven soporta un tiempo este mandato pero la curiosidad puede más y una noche se acerca a la cama y descubre su belleza. "No caben en esta tierra dos rostros tan hermosos", piensa mientras cubre con la almohada la boca de su marido hasta asfixiarlo.

mayo 10, 2009


Colgué las lágrimas al sol. Para quitar las manchas rosadas.
Lágrimas pétreas de tanto contener el llanto.
Una por una las cuelgo para que el viento las vuelva murmullo de río.
Están anudadas en cada pestaña.
Tal vez las junte, les escurra la sal y las guarde entre las hojas de un libro amarillo.
O tal vez, las deje aquí colgadas. Y si algún día pasás recojelas, porque siempre fueron tuyas.

abril 23, 2009

DICCIONARIO

SUFRIR
Acción de verter jugo de limón sobre una herida punzante.

RISA
Conjunto de alas de mariposa y escamas de piedras preciosas exhaladas por un persona luego de experimentar un calambre en el plexo solar.

ILUSION
Imagen producida al observar los hechos con un caleidoscopio o a bordo de un carrusel.

VOLUPTUOSIDAD
Extrema belleza.
Sensualidad roja o naranja.
Sabor a frambuesa.
Líneas redondas y cálidas.
Rocío en el borde de la piel.

marzo 10, 2009

Urbanidad Platense

Un amanecer de sábado. Los chicos vuelven a sus casas con el tecno en las orejas o tal vez reageton.
El llamador de ángeles despierta las ramas de los tilos. Un chico chancletea las primeras hojas del otoño.
El cartonero revuelve los restos del festejo ajeno: hábil como un mago distingue las botellas rotas del cartón y el papel de regalos.
Una parejita de enamorados recostada sobre un cartel de alquiler de metegol. Él tiene escondido en la espalda un enorme oso de peluche amarillo. "Te amo Juli". "Gracias mi amor, me encanta". Y la remera violeta y el escote se apretan contra la camiseta de fútbol. Y las uñas rojas se entrometen en sus rulos y un intenso beso fucsia ilumina la esquina como el sol del mediodía.
El taxista saluda a la "¡boluda!" que maneja una cuatro por cuatro con patente del poder judicial. "¡Tu marido te compró el registro, imbécil!".
Una mamá y una abuela llevan de la mano a la nena de trenzas tirantes. En las manitos apretadas sostiene la bolsa de supermercado con el guardapolvo y una mochila rosa.
Descansan dos carretillas con sus obreros al costado de una pila de escombros "¿Mate o cerveza?". "Dale, dos paladas más y vamos al kiosco".
En la vereda de los tres álamos las persianas de la joyería se apoyan metálicas sobre los delgados troncos.
Un caballete en la puerta de una casa fundacional soporta grandes baldes de pintura. El pintor entra y sale del zaguán. Las gotas del pincel delatan su recorrido.
Un basurero repleto frente a la vidriera de sábanas de satén y un chico con zapatillas más grandes que rotas se le acerca buscando algo para comer.
"¡Compremos esta casita para el perro, dale papi, mirá la del techo amarillo!¡Dale papi compremos el platito para que coma, mirá es un hueso gigante, dale papi!"
Una puerta de hierro forjado encierra el parque de la casa envuelta en una telaraña de hiedras. La fuente de piedra no tiene agua pero está coronada con malvones rojos y un angelito que se quedó tuerto. Por la puerta de atrás un bastón se afirma entre los adoquines y sostiene el cuerpo de un viejo. Al lado las ventanas abiertas sacuden los acordes de una guitarra y un bajo.
El bulevard de la peluquería tiene las paredes recién pintadas: se callaron de blanco las letras del aerosol. Una señora rubia sale recién peinada con otra mujer igual a ella pero más jóven. Está hablando por celular mientras abre la puerta de su auto con el control remoto.
Un gorrión se moja las patas en las aguas estancadas. Ahora toma vuelo y se pierde entre los tilos.
Las sombras amarillas de las casas caen perpendiculares sobre las primeras hojas del pavimento solitario.
Adentro, el olor del cafe, tintinean las cucharas y se mezclan en las charlas.
Afuera, duerme la calle de un sábado a la tarde. Las cigarras ensucian el silencio.

enero 19, 2009

de Coral y Azulado

Hoy elegí el coral para pintarme las uñas. Siempre me gustó este color. Me gusta su brillo y también cómo suena al pronunciarlo. Coral.
Me suena a batir de alas. Alas de mariposa. Las alas de la mariposa que tengo acá: en el plexo.
¿También será coral la mariposa que me habita? Se me ocurre azul. No tengo certeza exacta de su color. Tampoco la irrefutable idea de que sea mariposa lo que me atraviesa el pecho. Es algo que intuyo con M con M de Mariposa, por eso juego a pensar que es una Mariposa Azul y Coral.
No estoy en condiciones de afirmar nada de lo predicho puesto que es una mariposa que no puedo percibir con los sentidos ni con la razón. Pero su azulino aleteo me agita el corazón cada vez que respiro.
Hacía unos cuantos días que me había dejado. Hay días o mejor dicho ratos en los cuales la mariposa se escabulle volando suave hacia vaya a saber qué parte. La adivino rajando la piel de mi hombro izquierdo como si fuera de seda.
Pero esta noche mientras dormía entró por la ventana que en un descuido dejé entreabierta. Estaba muy oscuro sólo se me veía la boca apenas iluminada por unas gotas de luna. La mariposa esperó paciente un ronquido y entró como quien atraviesa la sala del preembarque en el aeropuerto.
De noche, con todos mis órganos en reposo, anda en libre albedrío: vuela en remolino, cae en picada, zigzaguea entre las costillas, se posa en el pubis, hurguetea los dedos de los pies.
Por la mañana me sentía inquieta y molesta, no había descansado bien. Empecé a tramar métodos de caza.
Me compré un insecticida para moscas (no puede encontrar mata mariposas, ni siquiera mata gusanos de seda). Al menos empieza con M. Aproveché mi resfrío y me senté a esperar el estornudo con el mata moscas apuntado a diez o quince centímetros de la boca. Al más fuerte "atchís" apreté el botón y rocié mis propias bacterias con el insecticida.
Pero al mediodía volví a sentir el sobrevuelo en el estómago. Pensé en ahogarla. Almorcé con cerveza, un vaso tras otro hasta verla hundirse en el mar dorado y espumoso. Pero lejos de morirse, subida a la miga más gruesa del pan que tragué surfeaba las olas alcohólicas en mi diafragma. Indignada apuré el último vaso y de postre empecé y terminé una botella de Bayleis. Ansiando verla girar en la catarata de mi propia borrachera mantuve los ojos bien abiertos sobre el inodoro, pero ni una vestigio de la mariposa muerta. Tal vez se hubiese quemado en el fuego que sentía dentro del esófago.
Me acosté como pude. El mareo neutralizaba los sentidos, podría descansar. Soñé que los de Greenpeace me venían a buscar por asesina de una insecto tan efímero y bello que me colgaban del Obelisco y que un grupo de científicos monitoreaban mi cuerpo; que los de Discovery channel explicaban que se tienen pruebas que esta especia de mariposa llamada Coralazulado vivió en el planeta durante edad media, que se encuentran registros en algunos lienzos de pintores de la época, muchos poetas la mencionan en sus obras y que las humaredas de las hogueras inquisitorias la habrían extinguido.
Me despertó la picazón en los tobillos, en las rodillas. Las uñas no alcanzaban a rasgar el escozor que crecía, ahora en los muslos, la espalda, el abdomen. La piel se volvió como de papel transparente y yo podía ver el recorrido de sus patas como las huellas de un escarabajo en la arena. Ni la ducha ni las cremas me calmaron. Más aún se me escamaron los pechos. No sé como en ese momento me acordé de cierto souvenir que me trajo un amigo de Buzios. Lo fumé con profundas aspiraciones, como un chamán invoqué la Desaparición completa y total de la Mariposa azul y coral sobre la faz de la Tierra y dentro de cada célula mía.
Cierto resultado obtuve porque la tengo sentadita en el hueso de la cadera con los ojitos rojos y las alas pegaditas al cuerpo. Me mira escribir y sabe que le llegó el final porque soy de esas personas que escribiendo inician o acaban las historias.