enero 19, 2009

de Coral y Azulado

Hoy elegí el coral para pintarme las uñas. Siempre me gustó este color. Me gusta su brillo y también cómo suena al pronunciarlo. Coral.
Me suena a batir de alas. Alas de mariposa. Las alas de la mariposa que tengo acá: en el plexo.
¿También será coral la mariposa que me habita? Se me ocurre azul. No tengo certeza exacta de su color. Tampoco la irrefutable idea de que sea mariposa lo que me atraviesa el pecho. Es algo que intuyo con M con M de Mariposa, por eso juego a pensar que es una Mariposa Azul y Coral.
No estoy en condiciones de afirmar nada de lo predicho puesto que es una mariposa que no puedo percibir con los sentidos ni con la razón. Pero su azulino aleteo me agita el corazón cada vez que respiro.
Hacía unos cuantos días que me había dejado. Hay días o mejor dicho ratos en los cuales la mariposa se escabulle volando suave hacia vaya a saber qué parte. La adivino rajando la piel de mi hombro izquierdo como si fuera de seda.
Pero esta noche mientras dormía entró por la ventana que en un descuido dejé entreabierta. Estaba muy oscuro sólo se me veía la boca apenas iluminada por unas gotas de luna. La mariposa esperó paciente un ronquido y entró como quien atraviesa la sala del preembarque en el aeropuerto.
De noche, con todos mis órganos en reposo, anda en libre albedrío: vuela en remolino, cae en picada, zigzaguea entre las costillas, se posa en el pubis, hurguetea los dedos de los pies.
Por la mañana me sentía inquieta y molesta, no había descansado bien. Empecé a tramar métodos de caza.
Me compré un insecticida para moscas (no puede encontrar mata mariposas, ni siquiera mata gusanos de seda). Al menos empieza con M. Aproveché mi resfrío y me senté a esperar el estornudo con el mata moscas apuntado a diez o quince centímetros de la boca. Al más fuerte "atchís" apreté el botón y rocié mis propias bacterias con el insecticida.
Pero al mediodía volví a sentir el sobrevuelo en el estómago. Pensé en ahogarla. Almorcé con cerveza, un vaso tras otro hasta verla hundirse en el mar dorado y espumoso. Pero lejos de morirse, subida a la miga más gruesa del pan que tragué surfeaba las olas alcohólicas en mi diafragma. Indignada apuré el último vaso y de postre empecé y terminé una botella de Bayleis. Ansiando verla girar en la catarata de mi propia borrachera mantuve los ojos bien abiertos sobre el inodoro, pero ni una vestigio de la mariposa muerta. Tal vez se hubiese quemado en el fuego que sentía dentro del esófago.
Me acosté como pude. El mareo neutralizaba los sentidos, podría descansar. Soñé que los de Greenpeace me venían a buscar por asesina de una insecto tan efímero y bello que me colgaban del Obelisco y que un grupo de científicos monitoreaban mi cuerpo; que los de Discovery channel explicaban que se tienen pruebas que esta especia de mariposa llamada Coralazulado vivió en el planeta durante edad media, que se encuentran registros en algunos lienzos de pintores de la época, muchos poetas la mencionan en sus obras y que las humaredas de las hogueras inquisitorias la habrían extinguido.
Me despertó la picazón en los tobillos, en las rodillas. Las uñas no alcanzaban a rasgar el escozor que crecía, ahora en los muslos, la espalda, el abdomen. La piel se volvió como de papel transparente y yo podía ver el recorrido de sus patas como las huellas de un escarabajo en la arena. Ni la ducha ni las cremas me calmaron. Más aún se me escamaron los pechos. No sé como en ese momento me acordé de cierto souvenir que me trajo un amigo de Buzios. Lo fumé con profundas aspiraciones, como un chamán invoqué la Desaparición completa y total de la Mariposa azul y coral sobre la faz de la Tierra y dentro de cada célula mía.
Cierto resultado obtuve porque la tengo sentadita en el hueso de la cadera con los ojitos rojos y las alas pegaditas al cuerpo. Me mira escribir y sabe que le llegó el final porque soy de esas personas que escribiendo inician o acaban las historias.

3 comentarios:

Máximo Ballester dijo...

Vine leyendo esto:
"Para qué pedir que muestre los ojos
si vos sólo me ves cuando cerrás los tuyos".
Que me encantó.

Tenés mucha frescura e imaginación, y en "de coral y azulado" se nota maravillosamente.

Rociar insecticida sobre el propio estornudo me pareció un hallazgo.

Gracias por tu visita. Te linkeo.

Un beso.

Elisa dijo...

Hola,

el 24 de febrero sale el nuevo libro de Lucía Etxebarría "El club de las malas madres"

Un saludo,
Elisa

Gingerale dijo...

Comienza como un texto poético, soñador y termina...sin comentarios. Jaja!!! Te sigo leyendo GENIA