mayo 02, 2008

Francesca

1923- 15 de octubre. El mar lígure observa este mediodía genovés con sus ojos de petróleo. Dos buques de guerra se ven como elefantes inmóviles, a cada lado del Giulio Cesare que despliega las lenguas de madera e invita a subir. El sol del mediodía no permite distinguir el mar del cielo. La explanada de baldosas es un tablero de ajedrez. Las fichas, los contenedores que entorpecen el andar de los pasajeros que van llegando. Esos que bajan del Ford A seguramente viajarán en primera. El resto llega a bordo de los tranvías. Uno que otro viene en bicicleta cargando su baúl adentro del canasto. El vaivén de las olas se lleva el arrullo constante de erres arrastradas. Las valijas se apilan, los niños encima. Las mujeres preparan los pañuelos de encaje. Los hombres encienden la pipa o se acomodan la boina. Otros prefieren revisar los papeles, una última ojeada para que no falte ningún documento. Las madres prenden de las solapas los relicarios. Los jóvenes se besan. Una manta bien abrigada, en cubierta hace frío. No dejes de escribirme un solo día. Estas fotos tenelas adentro de la biblia. Mirame en la luna que yo lo habré hecho cinco horas antes. Dicen que es muy húmedo, recordá las pastillas de menta y alcanfor; que el mar es dulce y el pasto tierno, tomá unas cuantas piedras de canto rodado, para no olvidar.

3 comentarios:

Coni Salgado dijo...

La historia de la abuela Francesca es emocionante, ella es un ser emocionante y su nieta hace magia de esa hermosa historia de vida... un beso a las dos!

josé dijo...

Una historia de inmigrantes, apasonante como todas las que he conocido, que hermosa sensación poder escribir a la propia abuela. MI afecto.

Anónimo dijo...

Gracias Nati